Santa Maria ad Martyres, Ermita agustina en Ripafratta, San Giuliano Terme, Italia
Santa Maria ad Martyres, conocido también como Rupecava, es un eremitorio agustino construido en torno a una serie de cuevas naturales en las colinas de Ripafratta. La iglesia de Santa María, de una sola nave, está en ruinas y conserva un altar de 1735, un ángulo de mosaico en el suelo y fragmentos de frescos del siglo XVI; de los dos edificios monásticos solo quedan restos. La primera cueva, frente a la entrada, servía de refectorio a los monjes y luego de depósito de grano.
Según la tradición, el ermitaño Guillermo de Maleval construyó una morada solitaria sobre un lugar de culto pagano; hay ermitaños documentados en el Monte Pisano desde el siglo IV. El eremitorio fue consagrado en 1214. En 1749 el general de los agustinos hizo suprimir el convento y trasladar sus bienes a San Nicola de Pisa; solo quedaron el padre Luigi Cervelli y un hermano lego. En 1801 los frailes de San Nicola vendieron Rupecava a los Roncioni, y un ermitaño vivió allí hasta mediados del siglo XIX.
El culto de la Madonna di Rupecava, una Virgen con el Niño de madera fechada hacia 1340 y atribuida a Andrea Pisano tras su restauración en 2000, se extendió por el bajo Valdiserchio hasta Pisa y Lucca. El 8 de septiembre, Natividad de María, se celebran varias misas en el eremitorio. El 14 de agosto los vecinos de Ripafratta cumplen un voto hecho tras el terremoto de 1846, cantando una laude a las 13:00, la hora del temblor.
Se llega al conjunto por senderos en las colinas de Ripafratta, sobre Molina di Quosa; la iglesia y el convento están en ruinas y en terreno privado, por lo que el acceso no está garantizado. La iglesia conservada tiene un altar de 1735, un fragmento de mosaico en el suelo y restos de frescos del siglo XVI. La Madonna di Rupecava, Virgen con el Niño en madera de tamaño natural fechada hacia 1340 y atribuida a Andrea Pisano, se guarda hoy en la pieve de Ripafratta.
La Virgen de Rupecava, una Virgen con el Niño de madera de tamaño natural fechada hacia 1340 y atribuida a Andrea Pisano tras una restauración en 2000, estuvo años cubierta por una pintura viva aplicada por fieles locales para protegerla del abandono. Hoy se conserva en la pieve de Ripafratta.
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