El retorno del hijo pródigo, Pintura al óleo en el Museo Hermitage, Rusia.
El cuadro muestra una escena con tres figuras, donde un hijo arrodillado con ropas desgarradas es abrazado por un hombre mayor, mientras otro observador permanece de pie al fondo a la derecha. La paleta consta de tonos tierra cálidos y dorados, con un haz de luz que cae sobre las dos figuras centrales.
Rembrandt pintó esta obra en sus últimos años entre 1665 y 1668, mientras luchaba con pérdidas personales y la pobreza en Ámsterdam. El Hermitage adquirió la obra en 1766 de una colección francesa para Catalina la Grande.
La obra ocupa un lugar central en la colección holandesa y muestra una parábola del Evangelio de Lucas sobre el perdón y el amor incondicional. Los visitantes suelen detenerse largamente ante esta representación donde un padre recibe a su hijo perdido en un abrazo silencioso.
La obra cuelga en una de las salas dedicadas a los maestros holandeses, donde conviene mantener cierta distancia para abarcar todo el formato. Las mañanas suelen ser más tranquilas, lo que permite observar las capas de color y las pinceladas de cerca.
Las manos del padre parecen diferentes: la izquierda luce fuerte y protectora, mientras que la derecha es más suave y cuidadosa. Esta asimetría invita a distintas lecturas, desde una unión simbólica de cuidado masculino y femenino hasta una elección técnica del pintor.
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