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Los archipiélagos españoles se extienden por más de 8000 kilómetros de costa, desde Portugal hasta el norte de África.
España cuenta con algunos de los archipiélagos más ricos de Europa. Sus islas se extienden por más de 8,000 kilómetros de costa, desde la costa de Portugal hasta las aguas de Marruecos. Mallorca e Ibiza son las más conocidas, pero esta colección incluye 30, cada una con su propia historia.
En las Islas Baleares, encontrarás calas con aguas cristalinas y pueblos construidos con piedra blanca. Las Islas Canarias, más al sur, ofrecen paisajes volcánicos y playas que parecen no tener fin. A lo largo de la costa atlántica, en Galicia y el País Vasco, se elevan islas rocosas del mar, mientras que el Mediterráneo muestra sus pequeños archipiélagos protegidos. Algunas islas albergan ciudades vivas, y otras permanecen salvajes y casi sin habitantes.
Lo que caracteriza estos lugares es su variedad. Una isla puede tener montañas boscosas, mientras que la vecina está cubierta de formaciones rocosas. Las playas cambian según la región. Pueblos costeros olvidados están junto a ciudades antiguas. Aquí hay sitios para caminar, otros para nadar, y algunos para observar la naturaleza en calma y silencio.
Los archipiélagos españoles se extienden por más de 8000 kilómetros de costa, desde Portugal hasta el norte de África.
España cuenta con algunos de los archipiélagos más ricos de Europa. Sus islas se extienden por más de 8,000 kilómetros de costa, desde la costa de Portugal hasta las aguas de Marruecos. Mallorca e Ibiza son las más conocidas, pero esta colección incluye 30, cada una con su propia historia.
En las Islas Baleares, encontrarás calas con aguas cristalinas y pueblos construidos con piedra blanca. Las Islas Canarias, más al sur, ofrecen paisajes volcánicos y playas que parecen no tener fin. A lo largo de la costa atlántica, en Galicia y el País Vasco, se elevan islas rocosas del mar, mientras que el Mediterráneo muestra sus pequeños archipiélagos protegidos. Algunas islas albergan ciudades vivas, y otras permanecen salvajes y casi sin habitantes.
Lo que caracteriza estos lugares es su variedad. Una isla puede tener montañas boscosas, mientras que la vecina está cubierta de formaciones rocosas. Las playas cambian según la región. Pueblos costeros olvidados están junto a ciudades antiguas. Aquí hay sitios para caminar, otros para nadar, y algunos para observar la naturaleza en calma y silencio.
En este artículo
30 lugares por descubrir — ¡No te pierdas el último!
Mallorca es la mayor isla de las Baleares. Su capital, Palma, tiene una catedral gótica y un casco histórico con calles estrechas. Al norte, la Serra de Tramuntana recorre la costa con pueblos de piedra, olivares y miradores sobre el mar. La costa alterna calas rocosas con playas de arena fina, y el agua cambia de color según la luz del día. En el interior, la vida transcurre entre campos de almendros, casas señoriales y pequeños pueblos de mercado.
Menorca es la más tranquila de las Islas Baleares. Su costa alterna entre calas rocosas y largas playas de arena. En el interior, hay colinas bajas, muros de piedra seca y pequeños pueblos donde la vida transcurre despacio. El Camí de Cavalls es un antiguo camino de herradura que rodea toda la isla y permite a los caminantes acceder directamente a la costa. Menorca también concentra una gran cantidad de yacimientos prehistóricos: taulas, navetas y talayots aparecen diseminados por el campo.
Ibiza es una isla de las Baleares que va mucho más allá de sus clubes nocturnos. Los pueblos del interior están construidos en piedra blanca, con calles estrechas y un ritmo de vida pausado. La costa alterna pequeñas calas con playas de arena, y el agua toma tonos azules o verdes según la luz del día. El interior de la isla sorprende con almendros, pinares y antiguas masías alejadas del bullicio.
Formentera es la menor de las Islas Baleares y se encuentra justo al sur de Ibiza, a la que solo se puede llegar en ferry. Esa corta travesía mantiene la isla más tranquila y menos concurrida que sus vecinas. Las playas, como Ses Illetes, tienen aguas poco profundas de tonos claros y arena fina que se extiende sin interrupciones. La isla es lo suficientemente llana como para recorrerla casi en su totalidad en bicicleta, por caminos que atraviesan salinas, pinares y pequeños pueblos vitivinícolas.
Cabrera es un archipiélago protegido frente al extremo sur de Mallorca. Las islas llevan décadas siendo parque nacional, por lo que casi nadie vive allí de forma permanente. Se llega en excursión de un día desde Mallorca. Las aguas que rodean Cabrera están entre las más transparentes de las Baleares, y la vida marina es abundante gracias a las estrictas restricciones sobre pesca y fondeo. En tierra hay una antigua torre de vigilancia, un pequeño puerto y senderos por la garriga seca. Lo que más recuerdan los visitantes es la ausencia de ruido y de gente.
Sa Dragonera es una isla deshabitada al oeste de Mallorca. Desde los años 1980 es un espacio natural protegido, después de que los vecinos lucharan para evitar su urbanización. Hoy se puede recorrer a pie por senderos que pasan junto a acantilados y antiguos faros. La isla sirve de refugio para muchas aves marinas y el mar que la rodea es muy transparente.
Espalmador es una pequeña isla casi deshabitada situada entre Ibiza y Formentera. El terreno es llano, y la orilla es arenosa y clara. No hay carreteras ni apenas edificios. La gente llega en barco para nadar en aguas tranquilas o sentarse en una playa de arena blanca, lejos del ruido y la gente.
Es Vedrà es un islote rocoso frente a la costa oeste de Ibiza. Se eleva casi verticalmente desde el mar y se puede ver desde lejos. La roca está deshabitada y cerrada al público, ya que es una reserva natural protegida. Desde el mirador cercano de Torre des Savinar, se puede contemplar su forma completa. El agua alrededor de la roca es clara y los barcos pequeños suelen anclar cerca. Por la tarde, cuando el sol se pone, la roca recibe una luz cálida que convierte el paseo por la costa en algo especial.
Tenerife es la mayor de las islas Canarias. En su centro se alza el Teide, un volcán cuya cima supera los 3.700 metros y suele estar envuelta en nubes. El terreno que rodea el volcán es árido y modelado por antiguas coladas de lava, en contraste con los bosques verdes del norte de la isla. El sur tiene largas playas de arena clara, mientras que el norte ofrece pequeñas calas de arena volcánica oscura. Las ciudades de Santa Cruz y La Laguna cuentan con centros históricos con edificios de los siglos XVI y XVII. La vida cotidiana en la isla tiene su propio ritmo: mercados al aire libre, restaurantes de pescado, calles estrechas y gente sentada en la calle.
Gran Canaria es la tercera isla más grande de las Canarias y parece un pequeño continente. El norte es verde y fresco, con bosques y pueblos de montaña. El sur se abre hacia playas de arena clara y las famosas dunas de Maspalomas, donde la arena llega hasta el mar. Al cruzar la isla, se pasa por barrancos profundos, campos en terrazas y pueblos antiguos que apenas han cambiado con el tiempo.
Lanzarote es una isla de las Canarias cuyo paisaje está dominado por coladas de lava negra, resultado de antiguas erupciones volcánicas. Los pueblos blancos contrastan con ese fondo oscuro, y los viñedos locales crecen en hoyos excavados en el suelo volcánico. El artista César Manrique dejó una huella profunda en la isla: diseñó espacios dentro de cuevas de lava, intervino en lugares públicos y promovió que no hubiera vallas publicitarias en toda la isla.
Fuerteventura es la segunda isla más grande de las Canarias y se encuentra muy cerca de la costa africana. La isla es conocida por sus largas playas de arena que recorren gran parte de su litoral. El interior es seco y abierto, con un paisaje que recuerda al desierto. El viento sopla con fuerza casi todo el año, lo que la convierte en un destino popular para los surfistas y los practicantes de kitesurf. Los pueblos son pequeños y la vida cotidiana gira en torno a la costa.
La Palma es una isla del archipiélago canario conocida por sus bosques de laurisilva, sus cráteres volcánicos y sus senderos. Los caminantes recorren rutas que atraviesan la caldera más grande de la isla y descienden por coladas de lava antigua. Por las noches, la oscuridad del cielo convierte la isla en un lugar de referencia para observar las estrellas en Europa.
La Gomera es una isla montañosa que contrasta con el resto del archipiélago canario. Su interior está cubierto por un bosque de laurisilva que las nubes mantienen húmedo y verde durante todo el año. El Parque Nacional de Garajonay protege este bosque antiguo, con árboles cubiertos de musgo y barrancos profundos. Los pueblos son pequeños y se aferran a las laderas. La Gomera es también conocida por el Silbo, un lenguaje silbado que los habitantes usaban para comunicarse a través de los barrancos.
El Hierro es la más occidental de las grandes islas Canarias. El paisaje está formado por campos de lava, bosques espesos y acantilados costeros abruptos. El turismo masivo es prácticamente inexistente. Los pueblos son pequeños, las carreteras poco transitadas y la vida cotidiana sigue su propio ritmo. El Hierro ha apostado por un modelo diferente: la isla genera gran parte de su electricidad con energía eólica e hidráulica. Quienes llegan aquí encuentran buenos puntos de buceo, senderos para caminar y una naturaleza que se puede disfrutar sin aglomeraciones.
La Graciosa es la isla habitada más pequeña de las Canarias. No hay carreteras asfaltadas, solo pistas de arena por las que la gente se mueve a pie, en bicicleta o en quad. Unos pocos cientos de personas viven en casas blancas agrupadas alrededor de un pequeño puerto pesquero. Las playas son amplias, de arena clara y con agua tranquila. El ritmo de vida aquí es lento, como si el tiempo apenas avanzara.
La isla de Lobos se encuentra entre Fuerteventura y Lanzarote, a poca distancia en ferry desde el norte de Fuerteventura. Es un espacio natural protegido, casi sin habitantes permanentes. El suelo es volcánico, oscuro y áspero, con lagunas de sal y matorral seco. Un sendero recorre toda la isla a pie, pasando junto a un pequeño faro y la costa rocosa. El agua poco profunda que rodea la isla facilita el snorkel a lo largo del litoral. No hay hoteles ni tiendas, solo terreno abierto y el sonido de las aves marinas.
Las islas Cíes se encuentran en la boca de la ría de Vigo y forman parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia. Solo se puede llegar a ellas en barco, y el número de visitantes diarios está limitado. Las playas de arena blanca bordean la parte interior de las islas, mientras que el lado exterior presenta acantilados que caen directamente al mar. Senderos costeros recorren las tres islas entre colonias de gaviotas y rocas batidas por el Atlántico.
La isla de Ons se encuentra frente a la costa gallega, en el Atlántico, dentro del Parque Nacional de las Islas Atlánticas. Es más tranquila que las Cíes y ofrece senderos costeros por los acantilados, pequeños pueblos de pescadores y amplias vistas al mar. Se puede recorrer a pie toda la isla, observar aves marinas y descubrir el carácter abierto y ventoso de la costa gallega.
La isla de Sálvora se encuentra en el archipiélago de las Rías Baixas, frente a la costa de Galicia. Está casi deshabitada y forma parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas. Un antiguo faro se alza junto a la orilla, mientras pequeños caballos salvajes recorren libremente las rocas de granito y la hierba seca. El agua que rodea la isla es agitada, el viento es fuerte y el paisaje parece crudo y alejado de todo. Solo se puede llegar en barco.
La Isla de Arousa está unida al continente por un puente, pero mantiene un ritmo de vida propio, marcado por el mar. La pesca y el marisqueo son la base de la economía local, y eso se nota en los puertos, en los mercados y en las conversaciones de sus habitantes. Las rías que rodean la isla ofrecen aguas protegidas donde se cultivan mejillones y otros moluscos. Es un lugar donde el mar no es un telón de fondo, sino el centro de todo.
La isla de Cortegada se encuentra frente a la costa de Galicia y está cubierta casi en su totalidad por un bosque denso. Este bosque es una laurisilva, un tipo de vegetación muy antigua que ha desaparecido en gran parte de Europa. Al caminar por él, se nota el silencio, la luz filtrada entre las ramas y la sensación de estar lejos de todo. La isla forma parte de un parque nacional y apenas tiene habitantes permanentes.
La isla de Tambo se encuentra en la ría de Pontevedra, cubierta de vegetación y rodeada de agua por todos lados. Durante mucho tiempo estuvo cerrada al público, y hoy solo se puede visitar en grupos organizados. Quien llega allí encuentra senderos entre árboles, viejas ruinas de piedra y una sensación de lugar apartado del mundo, con el mar asomando entre la vegetación.
La isla de San Simón se encuentra en la Ría de Vigo, en el noroeste de España. Es pequeña, arbolada y llena de construcciones antiguas que guardan memoria de siglos de historia. Fue leprosería, monasterio y campo de prisioneros durante la Guerra Civil. Hoy funciona como espacio cultural y lugar de recuerdo, accesible únicamente en barco. Pasear por ella es encontrarse con un paisaje donde el pasado está muy presente.
Tabarca se encuentra frente a Alicante y es la única isla habitada de la Comunidad Valenciana. El pequeño pueblo dentro de las antiguas murallas tiene calles estrechas y casas bajas. En torno a la isla se creó la primera reserva marina de España, lo que convierte las aguas de Tabarca en una zona protegida donde la vida marina se desarrolla con facilidad. Buceadores y aficionados al esnórquel llegan aquí para explorar el fondo del mar. Las calas son resguardadas y el ritmo de vida en la isla es pausado.
Las islas Columbretes se encuentran frente a la costa de Castellón, en pleno Mediterráneo. Son de origen volcánico y están protegidas como reserva natural marina, por lo que el acceso en barco está regulado. Bajo el agua, la vida marina es abundante y los fondos son muy valorados por los submarinistas. En superficie, las islas son rocosas, con un faro y escasa vegetación.
La isla de Benidorm es un pequeño islote triangular que se ve claramente desde las playas de Benidorm. Se llega en barco en pocos minutos. No hay construcciones en ella, y el mar que la rodea es profundo y abierto. Los visitantes vienen a nadar, a hacer esnórquel o simplemente a contemplar la ciudad desde el agua.
Nueva Tabarca es la única isla habitada de la Comunitat Valenciana. Detrás de sus antiguas murallas, casas blancas y bajas se alinean a lo largo de callejuelas que llevan a la iglesia, y la vida cotidiana transcurre principalmente al aire libre. La isla forma parte del archipiélago de Tabarca y fue en su día un asentamiento fortificado. Hoy, los visitantes llegan en barco desde Alicante para recorrer el pequeño centro histórico y bañarse en las calas cercanas.
La isla de Santa Clara se encuentra en el centro de la bahía de La Concha, frente a San Sebastián. Es una isla pequeña con una playa de arena y senderos que recorren sus orillas rocosas. En un extremo hay un faro desde el que se ve toda la bahía y la ciudad. En verano, pequeñas embarcaciones hacen el trayecto desde la ciudad. La isla forma parte del paisaje cotidiano de la bahía y se ve claramente desde el paseo marítimo.
San Juan de Gaztelugatxe es un islote rocoso que se adentra en el mar desde la costa vasca, unido a tierra firme por una larga escalinata de piedra. En lo alto hay una pequeña ermita que atrae peregrinos desde la Edad Media. El camino sube con fuerza, con el mar rompiendo contra los acantilados a ambos lados. El viento casi nunca falta. Solo se puede conocer bien a pie, mirando las olas desde lo alto.
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Mallorca es la mayor isla de las Baleares. Su capital, Palma, tiene una catedral gótica y un casco histórico con calles estrechas. Al norte, la Serra de Tramuntana recorre la costa con pueblos de piedra, olivares y miradores sobre el mar. La costa alterna calas rocosas con playas de arena fina, y el agua cambia de color según la luz del día. En el interior, la vida transcurre entre campos de almendros, casas señoriales y pequeños pueblos de mercado.
Menorca es la más tranquila de las Islas Baleares. Su costa alterna entre calas rocosas y largas playas de arena. En el interior, hay colinas bajas, muros de piedra seca y pequeños pueblos donde la vida transcurre despacio. El Camí de Cavalls es un antiguo camino de herradura que rodea toda la isla y permite a los caminantes acceder directamente a la costa. Menorca también concentra una gran cantidad de yacimientos prehistóricos: taulas, navetas y talayots aparecen diseminados por el campo.
Ibiza es una isla de las Baleares que va mucho más allá de sus clubes nocturnos. Los pueblos del interior están construidos en piedra blanca, con calles estrechas y un ritmo de vida pausado. La costa alterna pequeñas calas con playas de arena, y el agua toma tonos azules o verdes según la luz del día. El interior de la isla sorprende con almendros, pinares y antiguas masías alejadas del bullicio.
Formentera es la menor de las Islas Baleares y se encuentra justo al sur de Ibiza, a la que solo se puede llegar en ferry. Esa corta travesía mantiene la isla más tranquila y menos concurrida que sus vecinas. Las playas, como Ses Illetes, tienen aguas poco profundas de tonos claros y arena fina que se extiende sin interrupciones. La isla es lo suficientemente llana como para recorrerla casi en su totalidad en bicicleta, por caminos que atraviesan salinas, pinares y pequeños pueblos vitivinícolas.
Cabrera es un archipiélago protegido frente al extremo sur de Mallorca. Las islas llevan décadas siendo parque nacional, por lo que casi nadie vive allí de forma permanente. Se llega en excursión de un día desde Mallorca. Las aguas que rodean Cabrera están entre las más transparentes de las Baleares, y la vida marina es abundante gracias a las estrictas restricciones sobre pesca y fondeo. En tierra hay una antigua torre de vigilancia, un pequeño puerto y senderos por la garriga seca. Lo que más recuerdan los visitantes es la ausencia de ruido y de gente.
Sa Dragonera es una isla deshabitada al oeste de Mallorca. Desde los años 1980 es un espacio natural protegido, después de que los vecinos lucharan para evitar su urbanización. Hoy se puede recorrer a pie por senderos que pasan junto a acantilados y antiguos faros. La isla sirve de refugio para muchas aves marinas y el mar que la rodea es muy transparente.
Espalmador es una pequeña isla casi deshabitada situada entre Ibiza y Formentera. El terreno es llano, y la orilla es arenosa y clara. No hay carreteras ni apenas edificios. La gente llega en barco para nadar en aguas tranquilas o sentarse en una playa de arena blanca, lejos del ruido y la gente.
Es Vedrà es un islote rocoso frente a la costa oeste de Ibiza. Se eleva casi verticalmente desde el mar y se puede ver desde lejos. La roca está deshabitada y cerrada al público, ya que es una reserva natural protegida. Desde el mirador cercano de Torre des Savinar, se puede contemplar su forma completa. El agua alrededor de la roca es clara y los barcos pequeños suelen anclar cerca. Por la tarde, cuando el sol se pone, la roca recibe una luz cálida que convierte el paseo por la costa en algo especial.
Tenerife es la mayor de las islas Canarias. En su centro se alza el Teide, un volcán cuya cima supera los 3.700 metros y suele estar envuelta en nubes. El terreno que rodea el volcán es árido y modelado por antiguas coladas de lava, en contraste con los bosques verdes del norte de la isla. El sur tiene largas playas de arena clara, mientras que el norte ofrece pequeñas calas de arena volcánica oscura. Las ciudades de Santa Cruz y La Laguna cuentan con centros históricos con edificios de los siglos XVI y XVII. La vida cotidiana en la isla tiene su propio ritmo: mercados al aire libre, restaurantes de pescado, calles estrechas y gente sentada en la calle.
Gran Canaria es la tercera isla más grande de las Canarias y parece un pequeño continente. El norte es verde y fresco, con bosques y pueblos de montaña. El sur se abre hacia playas de arena clara y las famosas dunas de Maspalomas, donde la arena llega hasta el mar. Al cruzar la isla, se pasa por barrancos profundos, campos en terrazas y pueblos antiguos que apenas han cambiado con el tiempo.
Lanzarote es una isla de las Canarias cuyo paisaje está dominado por coladas de lava negra, resultado de antiguas erupciones volcánicas. Los pueblos blancos contrastan con ese fondo oscuro, y los viñedos locales crecen en hoyos excavados en el suelo volcánico. El artista César Manrique dejó una huella profunda en la isla: diseñó espacios dentro de cuevas de lava, intervino en lugares públicos y promovió que no hubiera vallas publicitarias en toda la isla.
Fuerteventura es la segunda isla más grande de las Canarias y se encuentra muy cerca de la costa africana. La isla es conocida por sus largas playas de arena que recorren gran parte de su litoral. El interior es seco y abierto, con un paisaje que recuerda al desierto. El viento sopla con fuerza casi todo el año, lo que la convierte en un destino popular para los surfistas y los practicantes de kitesurf. Los pueblos son pequeños y la vida cotidiana gira en torno a la costa.
La Palma es una isla del archipiélago canario conocida por sus bosques de laurisilva, sus cráteres volcánicos y sus senderos. Los caminantes recorren rutas que atraviesan la caldera más grande de la isla y descienden por coladas de lava antigua. Por las noches, la oscuridad del cielo convierte la isla en un lugar de referencia para observar las estrellas en Europa.
La Gomera es una isla montañosa que contrasta con el resto del archipiélago canario. Su interior está cubierto por un bosque de laurisilva que las nubes mantienen húmedo y verde durante todo el año. El Parque Nacional de Garajonay protege este bosque antiguo, con árboles cubiertos de musgo y barrancos profundos. Los pueblos son pequeños y se aferran a las laderas. La Gomera es también conocida por el Silbo, un lenguaje silbado que los habitantes usaban para comunicarse a través de los barrancos.
El Hierro es la más occidental de las grandes islas Canarias. El paisaje está formado por campos de lava, bosques espesos y acantilados costeros abruptos. El turismo masivo es prácticamente inexistente. Los pueblos son pequeños, las carreteras poco transitadas y la vida cotidiana sigue su propio ritmo. El Hierro ha apostado por un modelo diferente: la isla genera gran parte de su electricidad con energía eólica e hidráulica. Quienes llegan aquí encuentran buenos puntos de buceo, senderos para caminar y una naturaleza que se puede disfrutar sin aglomeraciones.
La Graciosa es la isla habitada más pequeña de las Canarias. No hay carreteras asfaltadas, solo pistas de arena por las que la gente se mueve a pie, en bicicleta o en quad. Unos pocos cientos de personas viven en casas blancas agrupadas alrededor de un pequeño puerto pesquero. Las playas son amplias, de arena clara y con agua tranquila. El ritmo de vida aquí es lento, como si el tiempo apenas avanzara.
La isla de Lobos se encuentra entre Fuerteventura y Lanzarote, a poca distancia en ferry desde el norte de Fuerteventura. Es un espacio natural protegido, casi sin habitantes permanentes. El suelo es volcánico, oscuro y áspero, con lagunas de sal y matorral seco. Un sendero recorre toda la isla a pie, pasando junto a un pequeño faro y la costa rocosa. El agua poco profunda que rodea la isla facilita el snorkel a lo largo del litoral. No hay hoteles ni tiendas, solo terreno abierto y el sonido de las aves marinas.
Las islas Cíes se encuentran en la boca de la ría de Vigo y forman parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia. Solo se puede llegar a ellas en barco, y el número de visitantes diarios está limitado. Las playas de arena blanca bordean la parte interior de las islas, mientras que el lado exterior presenta acantilados que caen directamente al mar. Senderos costeros recorren las tres islas entre colonias de gaviotas y rocas batidas por el Atlántico.
La isla de Ons se encuentra frente a la costa gallega, en el Atlántico, dentro del Parque Nacional de las Islas Atlánticas. Es más tranquila que las Cíes y ofrece senderos costeros por los acantilados, pequeños pueblos de pescadores y amplias vistas al mar. Se puede recorrer a pie toda la isla, observar aves marinas y descubrir el carácter abierto y ventoso de la costa gallega.
La isla de Sálvora se encuentra en el archipiélago de las Rías Baixas, frente a la costa de Galicia. Está casi deshabitada y forma parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas. Un antiguo faro se alza junto a la orilla, mientras pequeños caballos salvajes recorren libremente las rocas de granito y la hierba seca. El agua que rodea la isla es agitada, el viento es fuerte y el paisaje parece crudo y alejado de todo. Solo se puede llegar en barco.
La Isla de Arousa está unida al continente por un puente, pero mantiene un ritmo de vida propio, marcado por el mar. La pesca y el marisqueo son la base de la economía local, y eso se nota en los puertos, en los mercados y en las conversaciones de sus habitantes. Las rías que rodean la isla ofrecen aguas protegidas donde se cultivan mejillones y otros moluscos. Es un lugar donde el mar no es un telón de fondo, sino el centro de todo.
La isla de Cortegada se encuentra frente a la costa de Galicia y está cubierta casi en su totalidad por un bosque denso. Este bosque es una laurisilva, un tipo de vegetación muy antigua que ha desaparecido en gran parte de Europa. Al caminar por él, se nota el silencio, la luz filtrada entre las ramas y la sensación de estar lejos de todo. La isla forma parte de un parque nacional y apenas tiene habitantes permanentes.
La isla de Tambo se encuentra en la ría de Pontevedra, cubierta de vegetación y rodeada de agua por todos lados. Durante mucho tiempo estuvo cerrada al público, y hoy solo se puede visitar en grupos organizados. Quien llega allí encuentra senderos entre árboles, viejas ruinas de piedra y una sensación de lugar apartado del mundo, con el mar asomando entre la vegetación.
La isla de San Simón se encuentra en la Ría de Vigo, en el noroeste de España. Es pequeña, arbolada y llena de construcciones antiguas que guardan memoria de siglos de historia. Fue leprosería, monasterio y campo de prisioneros durante la Guerra Civil. Hoy funciona como espacio cultural y lugar de recuerdo, accesible únicamente en barco. Pasear por ella es encontrarse con un paisaje donde el pasado está muy presente.
Tabarca se encuentra frente a Alicante y es la única isla habitada de la Comunidad Valenciana. El pequeño pueblo dentro de las antiguas murallas tiene calles estrechas y casas bajas. En torno a la isla se creó la primera reserva marina de España, lo que convierte las aguas de Tabarca en una zona protegida donde la vida marina se desarrolla con facilidad. Buceadores y aficionados al esnórquel llegan aquí para explorar el fondo del mar. Las calas son resguardadas y el ritmo de vida en la isla es pausado.
Las islas Columbretes se encuentran frente a la costa de Castellón, en pleno Mediterráneo. Son de origen volcánico y están protegidas como reserva natural marina, por lo que el acceso en barco está regulado. Bajo el agua, la vida marina es abundante y los fondos son muy valorados por los submarinistas. En superficie, las islas son rocosas, con un faro y escasa vegetación.
La isla de Benidorm es un pequeño islote triangular que se ve claramente desde las playas de Benidorm. Se llega en barco en pocos minutos. No hay construcciones en ella, y el mar que la rodea es profundo y abierto. Los visitantes vienen a nadar, a hacer esnórquel o simplemente a contemplar la ciudad desde el agua.
Nueva Tabarca es la única isla habitada de la Comunitat Valenciana. Detrás de sus antiguas murallas, casas blancas y bajas se alinean a lo largo de callejuelas que llevan a la iglesia, y la vida cotidiana transcurre principalmente al aire libre. La isla forma parte del archipiélago de Tabarca y fue en su día un asentamiento fortificado. Hoy, los visitantes llegan en barco desde Alicante para recorrer el pequeño centro histórico y bañarse en las calas cercanas.
La isla de Santa Clara se encuentra en el centro de la bahía de La Concha, frente a San Sebastián. Es una isla pequeña con una playa de arena y senderos que recorren sus orillas rocosas. En un extremo hay un faro desde el que se ve toda la bahía y la ciudad. En verano, pequeñas embarcaciones hacen el trayecto desde la ciudad. La isla forma parte del paisaje cotidiano de la bahía y se ve claramente desde el paseo marítimo.
San Juan de Gaztelugatxe es un islote rocoso que se adentra en el mar desde la costa vasca, unido a tierra firme por una larga escalinata de piedra. En lo alto hay una pequeña ermita que atrae peregrinos desde la Edad Media. El camino sube con fuerza, con el mar rompiendo contra los acantilados a ambos lados. El viento casi nunca falta. Solo se puede conocer bien a pie, mirando las olas desde lo alto.
Mallorca es la mayor isla de las Baleares. Su capital, Palma, tiene una catedral gótica y un casco histórico con calles estrechas. Al norte, la Serra de Tramuntana recorre la costa con pueblos de piedra, olivares y miradores sobre el mar. La costa alterna calas rocosas con playas de arena fina, y el agua cambia de color según la luz del día. En el interior, la vida transcurre entre campos de almendros, casas señoriales y pequeños pueblos de mercado.
Menorca es la más tranquila de las Islas Baleares. Su costa alterna entre calas rocosas y largas playas de arena. En el interior, hay colinas bajas, muros de piedra seca y pequeños pueblos donde la vida transcurre despacio. El Camí de Cavalls es un antiguo camino de herradura que rodea toda la isla y permite a los caminantes acceder directamente a la costa. Menorca también concentra una gran cantidad de yacimientos prehistóricos: taulas, navetas y talayots aparecen diseminados por el campo.
Ibiza es una isla de las Baleares que va mucho más allá de sus clubes nocturnos. Los pueblos del interior están construidos en piedra blanca, con calles estrechas y un ritmo de vida pausado. La costa alterna pequeñas calas con playas de arena, y el agua toma tonos azules o verdes según la luz del día. El interior de la isla sorprende con almendros, pinares y antiguas masías alejadas del bullicio.
Formentera es la menor de las Islas Baleares y se encuentra justo al sur de Ibiza, a la que solo se puede llegar en ferry. Esa corta travesía mantiene la isla más tranquila y menos concurrida que sus vecinas. Las playas, como Ses Illetes, tienen aguas poco profundas de tonos claros y arena fina que se extiende sin interrupciones. La isla es lo suficientemente llana como para recorrerla casi en su totalidad en bicicleta, por caminos que atraviesan salinas, pinares y pequeños pueblos vitivinícolas.
Cabrera es un archipiélago protegido frente al extremo sur de Mallorca. Las islas llevan décadas siendo parque nacional, por lo que casi nadie vive allí de forma permanente. Se llega en excursión de un día desde Mallorca. Las aguas que rodean Cabrera están entre las más transparentes de las Baleares, y la vida marina es abundante gracias a las estrictas restricciones sobre pesca y fondeo. En tierra hay una antigua torre de vigilancia, un pequeño puerto y senderos por la garriga seca. Lo que más recuerdan los visitantes es la ausencia de ruido y de gente.
Sa Dragonera es una isla deshabitada al oeste de Mallorca. Desde los años 1980 es un espacio natural protegido, después de que los vecinos lucharan para evitar su urbanización. Hoy se puede recorrer a pie por senderos que pasan junto a acantilados y antiguos faros. La isla sirve de refugio para muchas aves marinas y el mar que la rodea es muy transparente.
Espalmador es una pequeña isla casi deshabitada situada entre Ibiza y Formentera. El terreno es llano, y la orilla es arenosa y clara. No hay carreteras ni apenas edificios. La gente llega en barco para nadar en aguas tranquilas o sentarse en una playa de arena blanca, lejos del ruido y la gente.
Es Vedrà es un islote rocoso frente a la costa oeste de Ibiza. Se eleva casi verticalmente desde el mar y se puede ver desde lejos. La roca está deshabitada y cerrada al público, ya que es una reserva natural protegida. Desde el mirador cercano de Torre des Savinar, se puede contemplar su forma completa. El agua alrededor de la roca es clara y los barcos pequeños suelen anclar cerca. Por la tarde, cuando el sol se pone, la roca recibe una luz cálida que convierte el paseo por la costa en algo especial.
Tenerife es la mayor de las islas Canarias. En su centro se alza el Teide, un volcán cuya cima supera los 3.700 metros y suele estar envuelta en nubes. El terreno que rodea el volcán es árido y modelado por antiguas coladas de lava, en contraste con los bosques verdes del norte de la isla. El sur tiene largas playas de arena clara, mientras que el norte ofrece pequeñas calas de arena volcánica oscura. Las ciudades de Santa Cruz y La Laguna cuentan con centros históricos con edificios de los siglos XVI y XVII. La vida cotidiana en la isla tiene su propio ritmo: mercados al aire libre, restaurantes de pescado, calles estrechas y gente sentada en la calle.
Gran Canaria es la tercera isla más grande de las Canarias y parece un pequeño continente. El norte es verde y fresco, con bosques y pueblos de montaña. El sur se abre hacia playas de arena clara y las famosas dunas de Maspalomas, donde la arena llega hasta el mar. Al cruzar la isla, se pasa por barrancos profundos, campos en terrazas y pueblos antiguos que apenas han cambiado con el tiempo.
Lanzarote es una isla de las Canarias cuyo paisaje está dominado por coladas de lava negra, resultado de antiguas erupciones volcánicas. Los pueblos blancos contrastan con ese fondo oscuro, y los viñedos locales crecen en hoyos excavados en el suelo volcánico. El artista César Manrique dejó una huella profunda en la isla: diseñó espacios dentro de cuevas de lava, intervino en lugares públicos y promovió que no hubiera vallas publicitarias en toda la isla.
Fuerteventura es la segunda isla más grande de las Canarias y se encuentra muy cerca de la costa africana. La isla es conocida por sus largas playas de arena que recorren gran parte de su litoral. El interior es seco y abierto, con un paisaje que recuerda al desierto. El viento sopla con fuerza casi todo el año, lo que la convierte en un destino popular para los surfistas y los practicantes de kitesurf. Los pueblos son pequeños y la vida cotidiana gira en torno a la costa.
La Palma es una isla del archipiélago canario conocida por sus bosques de laurisilva, sus cráteres volcánicos y sus senderos. Los caminantes recorren rutas que atraviesan la caldera más grande de la isla y descienden por coladas de lava antigua. Por las noches, la oscuridad del cielo convierte la isla en un lugar de referencia para observar las estrellas en Europa.
La Gomera es una isla montañosa que contrasta con el resto del archipiélago canario. Su interior está cubierto por un bosque de laurisilva que las nubes mantienen húmedo y verde durante todo el año. El Parque Nacional de Garajonay protege este bosque antiguo, con árboles cubiertos de musgo y barrancos profundos. Los pueblos son pequeños y se aferran a las laderas. La Gomera es también conocida por el Silbo, un lenguaje silbado que los habitantes usaban para comunicarse a través de los barrancos.
El Hierro es la más occidental de las grandes islas Canarias. El paisaje está formado por campos de lava, bosques espesos y acantilados costeros abruptos. El turismo masivo es prácticamente inexistente. Los pueblos son pequeños, las carreteras poco transitadas y la vida cotidiana sigue su propio ritmo. El Hierro ha apostado por un modelo diferente: la isla genera gran parte de su electricidad con energía eólica e hidráulica. Quienes llegan aquí encuentran buenos puntos de buceo, senderos para caminar y una naturaleza que se puede disfrutar sin aglomeraciones.
La Graciosa es la isla habitada más pequeña de las Canarias. No hay carreteras asfaltadas, solo pistas de arena por las que la gente se mueve a pie, en bicicleta o en quad. Unos pocos cientos de personas viven en casas blancas agrupadas alrededor de un pequeño puerto pesquero. Las playas son amplias, de arena clara y con agua tranquila. El ritmo de vida aquí es lento, como si el tiempo apenas avanzara.
La isla de Lobos se encuentra entre Fuerteventura y Lanzarote, a poca distancia en ferry desde el norte de Fuerteventura. Es un espacio natural protegido, casi sin habitantes permanentes. El suelo es volcánico, oscuro y áspero, con lagunas de sal y matorral seco. Un sendero recorre toda la isla a pie, pasando junto a un pequeño faro y la costa rocosa. El agua poco profunda que rodea la isla facilita el snorkel a lo largo del litoral. No hay hoteles ni tiendas, solo terreno abierto y el sonido de las aves marinas.
Las islas Cíes se encuentran en la boca de la ría de Vigo y forman parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia. Solo se puede llegar a ellas en barco, y el número de visitantes diarios está limitado. Las playas de arena blanca bordean la parte interior de las islas, mientras que el lado exterior presenta acantilados que caen directamente al mar. Senderos costeros recorren las tres islas entre colonias de gaviotas y rocas batidas por el Atlántico.
La isla de Ons se encuentra frente a la costa gallega, en el Atlántico, dentro del Parque Nacional de las Islas Atlánticas. Es más tranquila que las Cíes y ofrece senderos costeros por los acantilados, pequeños pueblos de pescadores y amplias vistas al mar. Se puede recorrer a pie toda la isla, observar aves marinas y descubrir el carácter abierto y ventoso de la costa gallega.
La isla de Sálvora se encuentra en el archipiélago de las Rías Baixas, frente a la costa de Galicia. Está casi deshabitada y forma parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas. Un antiguo faro se alza junto a la orilla, mientras pequeños caballos salvajes recorren libremente las rocas de granito y la hierba seca. El agua que rodea la isla es agitada, el viento es fuerte y el paisaje parece crudo y alejado de todo. Solo se puede llegar en barco.
La Isla de Arousa está unida al continente por un puente, pero mantiene un ritmo de vida propio, marcado por el mar. La pesca y el marisqueo son la base de la economía local, y eso se nota en los puertos, en los mercados y en las conversaciones de sus habitantes. Las rías que rodean la isla ofrecen aguas protegidas donde se cultivan mejillones y otros moluscos. Es un lugar donde el mar no es un telón de fondo, sino el centro de todo.
La isla de Cortegada se encuentra frente a la costa de Galicia y está cubierta casi en su totalidad por un bosque denso. Este bosque es una laurisilva, un tipo de vegetación muy antigua que ha desaparecido en gran parte de Europa. Al caminar por él, se nota el silencio, la luz filtrada entre las ramas y la sensación de estar lejos de todo. La isla forma parte de un parque nacional y apenas tiene habitantes permanentes.
La isla de Tambo se encuentra en la ría de Pontevedra, cubierta de vegetación y rodeada de agua por todos lados. Durante mucho tiempo estuvo cerrada al público, y hoy solo se puede visitar en grupos organizados. Quien llega allí encuentra senderos entre árboles, viejas ruinas de piedra y una sensación de lugar apartado del mundo, con el mar asomando entre la vegetación.
La isla de San Simón se encuentra en la Ría de Vigo, en el noroeste de España. Es pequeña, arbolada y llena de construcciones antiguas que guardan memoria de siglos de historia. Fue leprosería, monasterio y campo de prisioneros durante la Guerra Civil. Hoy funciona como espacio cultural y lugar de recuerdo, accesible únicamente en barco. Pasear por ella es encontrarse con un paisaje donde el pasado está muy presente.
Tabarca se encuentra frente a Alicante y es la única isla habitada de la Comunidad Valenciana. El pequeño pueblo dentro de las antiguas murallas tiene calles estrechas y casas bajas. En torno a la isla se creó la primera reserva marina de España, lo que convierte las aguas de Tabarca en una zona protegida donde la vida marina se desarrolla con facilidad. Buceadores y aficionados al esnórquel llegan aquí para explorar el fondo del mar. Las calas son resguardadas y el ritmo de vida en la isla es pausado.
Las islas Columbretes se encuentran frente a la costa de Castellón, en pleno Mediterráneo. Son de origen volcánico y están protegidas como reserva natural marina, por lo que el acceso en barco está regulado. Bajo el agua, la vida marina es abundante y los fondos son muy valorados por los submarinistas. En superficie, las islas son rocosas, con un faro y escasa vegetación.
La isla de Benidorm es un pequeño islote triangular que se ve claramente desde las playas de Benidorm. Se llega en barco en pocos minutos. No hay construcciones en ella, y el mar que la rodea es profundo y abierto. Los visitantes vienen a nadar, a hacer esnórquel o simplemente a contemplar la ciudad desde el agua.
Nueva Tabarca es la única isla habitada de la Comunitat Valenciana. Detrás de sus antiguas murallas, casas blancas y bajas se alinean a lo largo de callejuelas que llevan a la iglesia, y la vida cotidiana transcurre principalmente al aire libre. La isla forma parte del archipiélago de Tabarca y fue en su día un asentamiento fortificado. Hoy, los visitantes llegan en barco desde Alicante para recorrer el pequeño centro histórico y bañarse en las calas cercanas.
La isla de Santa Clara se encuentra en el centro de la bahía de La Concha, frente a San Sebastián. Es una isla pequeña con una playa de arena y senderos que recorren sus orillas rocosas. En un extremo hay un faro desde el que se ve toda la bahía y la ciudad. En verano, pequeñas embarcaciones hacen el trayecto desde la ciudad. La isla forma parte del paisaje cotidiano de la bahía y se ve claramente desde el paseo marítimo.
San Juan de Gaztelugatxe es un islote rocoso que se adentra en el mar desde la costa vasca, unido a tierra firme por una larga escalinata de piedra. En lo alto hay una pequeña ermita que atrae peregrinos desde la Edad Media. El camino sube con fuerza, con el mar rompiendo contra los acantilados a ambos lados. El viento casi nunca falta. Solo se puede conocer bien a pie, mirando las olas desde lo alto.
Si viajas en fuera de temporada, descubrirás islas casi desiertas donde parece que el tiempo se ha detenido. Los locales te contarán con gusto sobre sus tradiciones y la vida en la isla, lejos del bullicio turístico de los meses de verano.