Royal Palace of Carditello, Palacio real y centro de cría de caballos en San Tammaro, Italia.
El Palacio Real de Carditello es un conjunto neoclásico situado a unos 4 km al oeste de San Tammaro, construido por Francesco Collecini, discípulo de Vanvitelli. Su fachada de 300 metros se divide en tres partes enlazadas: dos alas unidas por el palacio central, cuya planta baja albergaba cocinas, depósitos de armas y salas del personal, mientras que la primera planta separaba las estancias de la familia real y las de las recepciones posteriores a la caza. La fachada tiene una planta baja de piedra gris con puerta en arco y una planta superior pintada de naranja con pilastras blancas; un cuerpo central elevado con tres ventanas en arco remata en una balaustrada con pequeñas estatuas. Delante se extiende una pista de tierra batida con forma de circo romano, con fuentes, obeliscos y un templo circular.
Carlos de Borbón (1716-1788) mandó construir el palacio como pabellón de caza y criadero de caballos, y Fernando IV lo convirtió después en una granja modelo para el trigo y ganado selecto. El arquitecto fue Francesco Collecini, discípulo de Luigi Vanvitelli. Tras la unificación italiana la finca cayó en el abandono y en 1920 se vendieron unas 2.070 hectáreas, quedando el palacio y 15 hectáreas.
El palacio unía la vida aristocrática con la agricultura activa, como se ve en su disposición donde los alojamientos para trabajadores estaban sobre establos y almacenes. Esta mezcla de residencia real y granja funcional muestra cómo la familia real integraba la producción en su dominio.
El palacio se encuentra a unos 4 km al oeste de San Tammaro, en via Foresta a Carditello, cerca de Capua. El complejo ocupa unos 50.000 m², con un edificio central de aposentos reales y capilla flanqueado por 8 torres y 12 naves; la pista del patio delantero, las fuentes, los obeliscos y el templo circular están enfrente. El sitio reabrió al público el 8 de enero de 2017.
El techo pintado del palacio muestra a una mujer alegórica que sostiene una balanza y un haz de madera atado, un detalle que se escapa a quien solo mira la fachada. Los frescos sufrieron con las ocupaciones alemana y aliada de la Segunda Guerra Mundial, y la galería de pinturas dispersa ha sido reconstruida sala por sala por la historiadora del arte Maria Carmela Masi.
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